domingo, 29 de abril de 2018


PLAZA DE LA ÓPERA, ABRIL



Para Raquel y Mozo


He abandonado el sueño para imaginarte
recorriendo estas calles.
Plaza de la Ópera, bajo un cielo con nubes
espesas, y un aire incendiado
que mi voluntad en este instante colma
con las horas de ayer, las más felices.
Son las once y te escuchamos
saltar de la cama repleta de energía,
para luego irrumpir exaltada en el salón
–abriendo los brazos, conteniendo el universo–,
darnos los buenos días, sentarte a mi lado,
sonreír. No sé
si ha pasado el tiempo o hemos sido
nosotros los que, desde dentro
de él, fuimos negando su certeza atroz,
haciéndonos más fuertes y más libres.
Me demoro y pienso en las pequeñas cosas
que me traen aliento: en la función
de la ironía, en la debilidad
del método, en el dogmatismo
epistemológico, en Cortázar, en la ética
alegre de Spinoza, en J. J. Cale,
en la delicada insolencia de Rimbaud,
en cómo descubrí que estoy desnudo
si mi lenguaje te busca.
Pero también ellos están aquí. Ríen. Conversan.
Ellos, que solo con mirarse
logran resumir en uno sus dos mundos,
quizá no siempre demasiado ideales.
Estáis en mi corazón, os lo aseguro,
y aquí viviréis hasta que el viaje termine.
Marea que me rescata y obliga mi recuerdo,
ávida memoria de la que acaso
quisiera arrepentirme.

Ahora miro alrededor
y ante estas obras sórdidas
me figuro tu incomodidad, la suya.
Establecimientos de comida rápida, quioscos,
publicidad inocua, basura, óxido.
Tú, que puedes escuchar
el grito de la tierra iracunda
ante la avidez y la codicia del hombre.
No permitas que me trague la indolencia.
Nómbrame otra vez, deja que mire
a través de tus ojos.

No deseo
escribir más. Tampoco me sería posible.
Las palabras agotan y el silencio aguarda.
Ave del sentido, dime
qué será de mí, en qué me convertiré
cuando ya no pueda respirarla.


martes, 20 de marzo de 2018

Sobre Claudicaciones


      Una pequeña glosa de la poeta y filóloga Paula Menéndez García-Argüelles a mi último libro de poemas. La acompaña uno de ellos.



domingo, 18 de marzo de 2018

Sobre Oliver Punk

Diego Medrano escribe sobre Oliver Punk. Puede leerse aquí.

Oliver Punk


     Haber visto otra vez a los amigos con los que uno comparte tantas cosas, incluyendo algo tan misterioso como la vocación, me ha dejado encendido, sosegado y feliz.
Tener presente que el motivo del reencuentro haya sido el estreno de un documental en el que han trabajado mucho y en muy poco tiempo acusa esta alegría.
Aunque yo no pude asistir a la proyección por causas mayores (?), me uní a un salvaje festín en el Boca a boca a las cuatro de la tarde. Ahí comenzó la aventura del día. Voy a contar algunas de sus partes importantes hasta que me fatigue la escritura, aun a riesgo de incoherencia dado el tremebundo hangover que estoy padeciendo. Descendió mucha cerveza y mucho jale por nuestros gaznates. Tomamos allí mismo café (yo asúca no). Saúl se tomó un yankee. En la sobremesa se quedó con nosotros el matrimonio más encantador que conozco: forman el combo sentimental Isabel Lara y Federico Volpini. Con Federico compartí un delicioso chupito de orujo de hierbas. Poco después, de la que íbamos al café Paraíso, nos detuvimos en la nueva Casa del libro y hablamos horrores de las novedades un rato, ligeramente ebrios.
En Paraíso tomamos más café y más cerveza, y Fernando me dio unas lecciones sobre materia afectiva, al hacerme pensar en el contacto físico como una mera representación contingente de lo que de verdad es necesario. Sobre las ocho y media estábamos viendo Vértigo en el teatro Campoamor. Lo pasamos considerablemente mal por el calor implacable, que nos hizo volvernos pegajosos y de humor flaco y movernos y resoplar mucho, aunque para Xaime estas sensaciones acompañasen en todo momento la naturaleza del filme. El suspense mejor sudando e incómodo. Saúl no entendió el fetiche (?) de los músicos que interpretaban en directo, perfectamente sincronizados con el delirio de imágenes, la banda sonora. Lo cierto es que considerado teleológicamente tiene poco sentido: el hecho de interpretarla persigue una ejecución perfecta que neutraliza cualquier diferencia ('mientras veía la película deseaba estar viéndola en mi portátil', confesó Saúl al salir) pero a mí me divertía mirar cada poco los voluntariosos espasmos del director y observar a los intérpretes como si fueran tramoyistas. Nada más salir los títulos de crédito, al levantarnos de las butacas, me echó la bronca una señora mayor por haber hablado varias veces y haber usado el móvil también varias veces. Le contesté airadamente que me daba igual, porque ella no había cerrado el pico ni un minuto. Quien no había callado era su amiga. Nos reímos a rabiar.
Cenamos en la Corte dos cachopos muy muy tiernos. Hablamos mucho y muy bien, de muchas cosas y apenas ninguna frívola. Ya estoy fatigado.
La felicidad me atonta. De hecho en ocasiones me hace parecer ridículo.

Larga vida a Fernando Martínez Lavandera.
Larga vida a Xaime Martínez.
Larga vida a Diego Álvarez Miguel.
Larga vida a Saúl F. Borel.
Larga vida a cyberFloriano.
Larga vida al Patarrealismo Salvaje.

Estoy lleno de gratitud. Esto es verdadero y nunca decaerá.